El espíritu de ser Novel #conLdeEnfermera

Proyecto impulsado por @Miguel_Garvi y @_RuthLopez
Proyecto impulsado por @Miguel_Garvi y @_RuthLopez

Si nos detenemos un momento y miramos atrás seguro que nos acordamos del día que decidimos qué estudiar o qué derroteros profesionales tomaríamos en nuestra vida

Yo recuerdo ese día. Recuerdo el momento en que decidí dedicar mi vida (sí, digo bien, mi vida) al maravilloso mundo de la enfermería, al llamado arte de cuidar. Ese día nació en mi lo que creo necesario y indiscutible para esta profesión. Vocación. No era consciente en ese momento que esta profesión me daría mucho más de lo que yo le entregaría pasados los años.

Pararos y Mirar atrás.

Remontaros a esos años cercanos (o lejanos) de la Universidad. La cantidad de cosas que habéis aprendido, la de nombres raros e impronunciables que habéis memorizado, las miles de técnicas que habéis  visto, las horas de conversaciones con vuestros compañeros o vuestras madres  sobre lo que habéis hecho en prácticas. Seguro que todo son buenos recuerdos.

Pero de repente de buenas a primeras sois DUES, ahí es nada señora (Ni practicantes, ni muchachas, ni Ateses), DUES, y mañana mismo (o cuando sea posible visto la precariedad laboral actual) puede sonar tu teléfono y esos 4 años que has dedicado a estudiar se materializan en un contrato de trabajo.

Y aquí viene cuando la matan. Yo aun recuerdo mi primer día, esa llamada que me inicio en esa rueda de dudas, vicisitudes, insomnios, alteraciones cardiacas y deshidrataciones de las cagaleras  nerviosas. Todo eso se alía con tus ganas de probarte como enfermero, de superarte, de demostrarte a ti mismo que vales, de ponerte esa bata que tu orgullosa madre ha planchado el día anterior con esmero para que luzca impoluta, en lo que va a ser el primer día de tu vida laboral. El mío fue de enfermero rural, de ahí que me sienta identificado más o menos con lo que nuestra compañera @erreleo ha descrito en su blog.

Llegas a una realidad que nada tiene que ver con lo que tres años atrás has vivido.

La formación la tienes, la practica más o menos también pero te faltan muchas cosas que la carrera no te ha dado, te falta seguridad, te falta conocimiento, te falta madurez, te falta lo que a día de hoy, toda oferta de trabajo reclama, EXPERIENCIA. Pero allí que vas, con tu bata, tu maletín, tu fonendo regalo de tu abuela en la graduación, dispuesto a ponerte el mundo por montera. Por suerte o por desgracia la mayoría de las veces la cruda realidad se encarga de darte  el tortazo que te tenía preparado y empiezas a darte cuenta de que esto de la vida laboral enfermera va ser un camino difícil pero por el que merece la pena andar, poco a poco.

De ese primer verano recorriendo los pueblos y las urgencias de primaria de media comunidad autónoma, ha llovido mucho, muchas llamadas (por suerte), muchos retos superados, buenos y malos momentos, pero fue una llamada en concreto la que cambiaria mi vida .Una llamada hace 8 años me llevo a lo que a día de hoy (quien sabe mañana) es mi segunda “casa”.

Comenzaba mi vida hospitalaria. En este  hospital emprendí mi particular paseo laboral en  lo que yo denomine en su día  mi particular  mili enfermera. Aquí empecé de novel, aquí sigo a día de hoy siendo novel (o al menos eso me considero), y visto el panorama creo que seguiré siendo novel una larga temporada más si no muero o me matan en el intento. El baile de servicios, puestos, contratos, modificaciones, meneos y bailes varios han echo que me sienta así, aunque interiormente nada tenga que ver con el primer día de bata planchada en mi ahora añorado puesto de atención primaria rural.

De mi Mili enfermera he aprendido mucho, no solo a nivel profesional si no también a nivel personal. Ha sido, y es duro, pero poco a poco te vas dando cuenta de que merece la pena. Por todo ello he querido compartir con vosotros noveles como yo que os lanzáis a la incertidumbre diaria algunos puntos comunes a todo buen enfermero novato que se precie y mis pequeños consejos.

N-ovedad.

Todo el primer día es nuevo, desconocido, diferente. Llegas a lo que en términos bélicos se denomina territorio hostil. Haces un reconocimiento de la zona, buscando alguna cara conocida, algún cartel que te ayude a situarte, pero muchas veces solo encuentras, a la típica pregunta de: ¿Que eres enfermera? (Aunque lleves en la solapa el cartel que lo dice con luces de neón y fuegos artificiales). Seguido de eso te darán las típicas clases, acompañadas de la frase por antonomasia  “mira mona esto aquí se hace así” (El esto se hace así por que lo digo yo da para saga literaria si nos ponemos a hablar). Te darán los protocolos del servicio (que nadie sigue pero dan mucha importancia). Te harán una visita guiada como si de la Alhambra se tratara por la unidad, dejándote claro que preguntes lo que necesites. Esto en el mejor de los casos. Otras (la gran mayoría) llegas allí y el reconocimiento, puesta en marcha y vivencia corren de tu cuenta.Que no te dé miedo, intenta ser tú misma con tus defectos y tus virtudes, con tu poca o mucha experiencia, sonríe aunque te sea difícil, y a la batalla.

O-bservación.

Observa. Muchas veces en algo que deberíamos hacer más y a lo que no le damos importancia. Párate un minuto y mira alrededor. Analiza el espacio, a tus compañeros, visualízate a ti dentro de ese entorno hostil. Pregunta. No te de miedo, pregunta hasta la saciedad si hace falta, cualquier duda por absurda que te parezca es menor si la compartes. Pide ayuda si la necesitas. A veces te llegara, otras no, y tendrás que probarte a ti misma, pero siempre sabiendo lo que haces, ya que tratas con personas. Fórmate. Cuando tengas un tiempo aprende, sigue estudiando, es algo vital y necesario en esta profesión.

V-alórate.

Sí, te digo a ti. Valórate. Eres nueva, bueno ¿Y qué?, has hecho practicas, has estudiado una carrera, has vagado o no por las unidades y servicios de media comunidad autónoma. Sin saberlo te has hecho a ti misma, y no eres consciente de lo que eres capaz. Si algo he aprendido a día de hoy es que nadie lo va a hacer por ti. No esperes reconocimiento alguno de tus jefes o supervisores, no esperes una sonrisa o una alabanza por sacar adelante tu trabajo, o por bordarlo. El reconocimiento viene por otro lado. Viene del lado del paciente, viene de esa sonrisa que te ponen al verte o cuando preguntan cuando vuelves. Viene de verlo recuperarse día a día, viene de saber que tu buen hacer esta haciendo bien a otra persona, y eso para mí no se paga con dinero ni con una palmadita en la espalda.

E-mpatía.

Anda que no vais a oír o habéis oído la dichosa palabra de la empatía. Porque tú has sido novel, pero mañana vendrá una más novel que tu, y por desgracia que pronto se nos olvida que todos hemos sido nuevos o recién acabados. Por eso, intenta hacer lo que te gustaría que hicieran contigo. Aléjate de las malas caras, de las frases típicas de: Yo es que también he sido contratada y he comido mucha mierda… o el archiconocido y lo bien que te va a venir que vas aprender de todo. Sonríe, ayúdale, protégele de los enemigos que tú más o menos ya los tienes localizados. En la medida de lo posible, facilítale la batalla que le va a tocar lidiar.

L-ucha.

Sí, compañera, lucha. Lucha por lo que un día con miles de dudas decidiste que querías ser, por mejorar  turno a turno, porque nadie haga que te plantees si de verdad vales para este trabajo. Vales. Sí que Vales. Solo tienes que aprender a descubrirlo poco a poco, a torear los embistes que te van a dar día a día, a luchar contra la burocracia, a luchar contra un sistema de gestión y recursos humanos, que busca cubrir unos objetivos o unas cifras económicas  muy alejadas de la labor asistencial que tienen pisos más abajo. Un sistema que no piensa en el profesional, en su preparación, en sus horas de desvelo, en su formación, en el esfuerzo que cada día tiene que hacer por sacar adelante un trabajo que a veces desconoce y del cual depende las vidas de otras personas.

Ese es nuestro verdadero premio de cada día, el saber que tu trabajo ha ayudado a alguien. El premio por el que el novel se levanta todas las mañanas, sacrifica vida social y a veces familiar y  se coge su uniforme, sus tijeras y su block de notas y se lanza al ruedo de la incertidumbre. De ver en qué servicio empezara el día y cual lo acabara. De si sabrá hacer  lo que le piden, de si será capaz de aguantar la carga asistencial a la que va a estar sometido sin perder la compostura  y la sonrisa de la cara. De si mañana seguirá sonando el teléfono que le hará volver a ese temido y deseado ruedo para conseguir  ser menos novel de práctica pero no de espíritu.

Porque señores y señoras, todos absolutamente todos deberíamos sentirnos un poquito noveles todos los días. No tiene nada de malo, creo que es necesario. Porque creo que es una forma de intentar enfrentarnos a los problemas y de superarnos día tras día para conseguir a amar (aún es más si cabe) nuestra profesión.

Firmado:
José Luis Gil de Gómez
@josito84
Enfermero -La Rioja-

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3 comentarios en “El espíritu de ser Novel #conLdeEnfermera

  1. Sin palabras Josito! Inmejorable bautizo! Me ha encantado y lo suscribo punto por punto!
    Cuando quieras, con el permiso de Iñaki, tu padrino, te pasas por los Esparatrapos a hacer la comunión.
    L de “laLeche” !!
    Un besazo para ambos!!

    Me gusta

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