Yo no soy tonto… ¡ni me lo voy a hacer! 

Por fin alguién se atreve a hacer la pregunta que nadie se atrevía a hacer, y que no es otra que la siguiente:

Por qué la empresa te prefiere estúpido (y tus compañeros también) – Yorokobu

Es duro reconocerlo en tiempos donde la inteligencia y la creatividad son tan valoradas (de boquilla) por todos, pero lo cierto es que ser idiota, hacerse el idiota y liderar para presuntos idiotas (¡Seguid mi ejemplo! ¡Amad nuestra común imbecilidad!) son prácticas extremadamente comunes en la oficina que se potencian desde todos los ángulos de la empresa. La cabeza dura debería destacarse entre las habilidades blandas de estos pastores de la turba.

Pues no van y dicen, un tal Mats Alvesson y André Spicer, en su libro The Stupidity Paradox, que las corporaciones funcionan todos los días gracias a la estupidez funcional de quienes las sostienen y sus seguidores. ¿Y a mí de qué me sonará todo esto? ¿Será que lo he vivido o será que lo he soñado, o una pesadilla más bien?

Vamos a repasar “en voz alta” los rasgos comunes de esta panda de estupidos y que cada uno vaya haciendo la cuenta mentalmente, como cuando hacíamos los test del amor del SuperPop, jajaja…

1. Asumen que incentivar sinceramente la creatividad y el pensamiento crítico ralentizaría sus decisiones y la implementación de la estrategia. Cómo si tomar decisiones fuera parte de sus mayores virtudes, y ya de implementar la estrategia… como si la tuvieran o quisieran tenerla, más allá de la de calentar la silla.

2. Los errores garrafales se cometen una y otra vez, y se acumulan durante meses. Todos aseguran cumplir órdenes. Nadie se preocupa por las consecuencias. Todos lo hacen por inercia y se convierten así en los amanuenses de la idiocia. Y lo peor es que acaban acostumbrandose y asumiendo que tiene que ser así, nadie se plantea que hubo un tiempo pasado (cualquier tiempo pasado fue mejor) en el que las cosas no eran así.

3. Resulta clave que no nos preguntemos por qué actuamos de este modo o nos contestemos con excusas como ‘siempre se ha hecho así’ o ‘así es cómo me lo han pedido’. Y es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Nos apoltronamos en la estupidez organizacional y no nos cuestionamos si sigue quedando inteligencia más allá de nuestras paredes, de nuestros despachos, de nuestros límites que nos dan la seguridad frente a los fantasmas que acechan en la oscuridad.

4. El gran mandamiento idiota: no provoques problemas y no le digas a la gente las malas noticias que no quiere oír. El estupido funcional no quiere problemas y será capaz de no salir de su isla con tal de no tener que enfrentarse a la realidad. ¿Si no tienes nada bueno que contar, para que vas a quitarte la capa de invisibilidad?

5. La última característica de la estupidez funcional es que en la inmensa mayoría de los empleos es necesaria y hasta obligatoria en muchos casos, si no quieres que te echen o resignarte a no ascender nunca.

Pues no, señores y señoras, YO NO SOY TONTO ni me lo voy a hacer, no pienso seguir más el juego de la estupidez funcional. Si mi empresa y/o mis compañeros me prefieren estupidos, será mejor que no cuenten conmigo… no vaya a ser que cuando quiera usar las dos neuronas que me quedan me dé cuenta que se han atrofiado del todo.

Y por seguir parafraseando a los señores de Media Markt, gracias a Dios hay veces que llegan ofertas que son como un soplo de aire fresco… #yhastaaquípodemosleer

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