Once leyendas a desterrar sobre la gripe.

[NP] Resfriados y gripes están copando las consultas de atención primaria de los centros de salud desde finales de 2017 y principios de año. Las autoridades sanitarias alertan de que este mes de enero albergará “el pico más alto”. De hecho, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha desarrollado planes de contingencia para contener la presión asistencial en las urgencias a causa de la epidemia.

¿Una de las razones? La confusión entre ambas patologías.

Junto a este, hay otros muchos mitos que giran en torno a estas dos dolencias, que conviene conocer para tratarlas de la manera adecuada. La aseguradora de salud Cigna desgrana las once leyendas más extendidas sobre ambas patologías:

  1. Una gripe y un fuerte resfriado son lo mismo. La gripe y el resfriado vienen provocados por virus diferentes, y los síntomas, aunque muy parecidos, no son los iguales: la primera se caracteriza por una sintomatología más severa, dolor muscular, cansancio extremo, tos seca, fiebre e, incluso, náuseas y vómitos. El resfriado, por su parte, suele manifestarse con congestión o secreción nasal, estornudos y carraspera, y no presenta complicaciones que hagan necesario acudir al hospital, a diferencia de la gripe.
  2. Un catarro mal curado acaba en gripe. Un resfriado es una patología que nunca estará “mal curada”. Si pasa un tiempo y los síntomas persisten es que realmente hay otra enfermedad de por medio, como una neumonía, una bronquitis o la gripe. Esta última, por su parte, sí puede tener consecuencias y dar lugar a otras enfermedades.
  3. La vacuna contra la gripe asegura no contraer esta enfermedad. Estas vacunas protegen de los subtipos existentes en la temporada anterior, por lo que su efectividad oscila entre el 40% y el 60%. El virus de la gripe tiene una alta capacidad de mutación y, por tanto, complica la eficacia de la vacuna. Pese a ello, continúa siendo la mejor receta para combatirla. Tampoco es cierto que gracias a la misma se estén evitando otras enfermedades respiratorias. Como se adelantaba en el primer punto, la tipología de virus no es la misma.
  4. La vitamina C previene y cura el catarro. No se ha demostrado que la vitamina C reduzca la incidencia de los resfriados ni que afecte en su duración. Tampoco que enfermemos por estar bajos de defensas. Una persona que esté sana puede acatarrarse más de una vez al año. Eso sí, alimentarse de la forma adecuada se traducirá en un mejor estado físico y, por tanto, mejores condiciones ante cualquier contratiempo. De este modo, los anticuerpos estarán “a punto” para enfrentarse al virus.
  5. Los antibióticos ayudan a superar la gripe. Estos acaban con las bacterias, pero no con el virus. Aunque hay muchos fármacos para disminuir sus síntomas (tos, fiebre, dolor de cabeza…) no hay ninguno que haga que esta desaparezca.leyendas gripe
  6. Salir a la calle con el pelo mojado en invierno hace que enfermemos. No hay pruebas científicas que avalen que la humedad y el frío causen resfriado o gripe, sino otras enfermedades como la neumonía. Sin embargo, exponerse a ambos factores sí puede provocar que el virus latente que ya se encuentre en el organismo se active y provoque los síntomas.
  7. No hay que hacer ejercicio cuando se está enfermo. Este es un mito a medias. No es mejor ni peor, pero si se va a acudir al gimnasio estando resfriado hay que asegurarse de lavarse las manos constantemente para no contagiar a otros deportistas. No obstante, para prevenir un catarro, hacer ejercicio es una de las prácticas más recomendables: cuanta más actividad física se realice, menos posibilidades de caer enfermo.
  8. Hay que “sudar” la fiebre durante el resfriado. Según los expertos, no es recomendable taparse en exceso. Pese a que la sudoración es un excelente mecanismo para combatir el aumento de la temperatura corporal, el acto de taparse provoca que el sudor se enfríe sobre la piel, provoque frío y haga un efecto rebote aumentando la temperatura corporal. Lo conveniente es tomarse baños de agua tibia para refrescar el organismo.
  9. No abrir la ventana de las estancias cuando estamos enfermos. Hay que abrirlas, aunque sea unos minutos. La ventilación es fundamental, sobre todo en entornos cálidos. Además, controlar que no haya exceso de sequedad ambiental provocará que las vías respiratorias no estén en estado de vulnerabilidad. De ahí que también sea recomendable colocar recipientes de agua al lado de los radiadores.
  10. Hay que evitar los lácteos cuando se está enfermo. Está muy extendido el mito de que los productos lácteos causan flemas, pero lo cierto es que solo pueden afectar si se tienen problemas de salud, intolerancia o alergias a este tipo de alimentos.
  11. Tomar sopa caliente es un “cuento”, no ayuda a la recuperación. Varias investigaciones avalan que la mezcla de vitaminas y nutrientes del caldo de pollo, por ejemplo, poseen un efecto antiinflamatorio que ralentiza el crecimiento de los leucocitos implicados en la liberación de mucosidades y contiene otros agentes medicamentosos parecidos a las sustancias farmacológicas modernas contra el resfriado. Si además se añaden otras especias y condimentos, como el ajo, la pimienta, el curry, la cebolla, la zanahoria, los nabos, el apio o el perejil, los beneficios son mayores.

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